Sobre mí

Una vida soñando

Amy Leiton en los años 70

Cada paso en la vida te recompensa con el aprendizaje.

Nací en Madrid en los inicios de una década decisiva para España, en la que se empezaba a resurgir del letargo que supuso una dura y larga dictadura. Pertenezco por tanto a la famosa Generación X, esa generación de afortunados que crecimos con libertad, mimados por una sociedad consumista en la que se nos instigaba a estudiar para ser adultos cultos y prósperos. Pero por circunstancias de la vida yo no seguí estudiando y mi educación quedó atascada en unos estudios básicos que para desarrollar mis primeros trabajos fueron más que suficientes.

Aunque haya tenido otros empleos citaré solo los dos más importantes y de más larga duración en mi trayectoria.

Mis primeros cuatro años en una gran empresa de alimentación supusieron para mí una especie de apertura al mundo. Yo sólo era una jovencita que ejercía de cajera y reponedora en una tienda con mucha venta y una clientela fija poco exigente. No se exigía mucho de mí más que rapidez y eficacia. No aprendí a tratar con el cliente porque apenas había tiempo para ese trato. Todo era reponer el género y correr a cobrar en la caja para que esos clientes se fueran lo antes posible. Tal era el estrés que muchas noches tenía curiosas pesadillas en las que la tienda se me llenaba de gente que no conseguía echar a pesar de que llegaba la hora del cierre. Ahora suena gracioso pero en aquel momento eran pesadillas aterradoras, de verdad.

Lo que no supe entonces es que sin darme cuenta estaba aprendiendo. Eso ocurría porque las veces que mi encargada libraba yo debía hacer su sustitución. Y entonces yo realizaba los pedidos analizando el stock existente y pronosticando las ventas de la semana teniendo en cuenta las ofertas; planificaba y organizaba las actividades de la tienda; recepcionaba los camiones distribuyendo la mercancía a su llegada; revisaba el albarán del pedido supervisando que no faltara nada; hacía las devoluciones de los artículos defectuosos; atendía a los proveedores externos; cumplimentaba las facturas; confeccionaba el horario de las empleadas; supervisaba y vigilaba el rendimiento del personal; mantenía la comunicación telefónica con las oficinas y con el almacén; proveía a las cajeras de cambio suficiente; realizaba el arqueo final de las cajas procurando que no faltara dinero; recibía a los agentes vigilantes de la compañía de seguridad que venían a recoger las sacas de dinero; me ocupaba de la caja fuerte y de la contabilidad de la tienda; atendía a los clientes que tuvieran alguna solicitud; y lo más salvaje de todo: me enfrentaba a los ladrones, que unas veces era una adorable viejecita que se guardaba un paquete de pastillas de caldo en el bolsillo y otras veces era un peligroso drogadicto dispuesto a cualquier cosa con tal de llevarse un pack de loncheados ibéricos.

Y todo esto lo hacía corriendo de un lado para otro, al tiempo que sorteaba clientes por los pasillos tratando de rellenar las estanterías que enseguida se quedaban vacías, tirando con la única fuerza de mis dos brazos y mi espalda de carros de almacén cuyas ruedas muchas veces estaban rotas. Porque una encargada en aquel tipo de tiendas no era una jefa, una encargada era una “súper-mujer-para-todo”. Por eso en aquella época había gente que me preguntaba si hacía culturismo, dado los musculados brazos que se me estaban formando. Y por eso también es por lo que hoy en día algunas veces me duele la parte baja de la espalda.

Pero yo estaba tranquila y era feliz realizando mi trabajo, porque se me daba bien y me sentía increíblemente necesaria. Tan bien se me daba que me ascendieron a encargada en cuanto surgió una plaza y me llevaron a otra tienda más cercana a mi casa. Ya como única responsable pude demostrar plenamente toda mi valía. Durante los siguientes cinco años dirigí dos tiendas diferentes en las que incrementé las ventas, reduje las pérdidas, mejoré la imagen de la empresa con los clientes y creé motivados y eficaces equipos de trabajo que vieron crecer sus incentivos.

Amy Leiton primeros trabajos

Pero lo mejor fue todo lo que yo aprendí en aquel tiempo, esta vez no como trabajadora sino como persona. Con el trato al público aprendí que cuando les entregas a los demás educación y una sonrisa, generalmente recibes lo mismo a cambio. Aprendí que para que los empleados se entreguen y sean eficaces, basta con que encuentren entrega y eficacia en ti. Que con diálogo, empatía y sinceridad se consiguen muchas mejores respuestas de los trabajadores que con reprimendas y malas caras. Aprendí que la sororidad es innata en las mujeres, y que cuando nos vemos juntas en aprietos nos ayudamos mutuamente y somos capaces de vencer cualquier contratiempo. Y en el lado malo también aprendí que las grandes empresas pierden mucho potencial cuando los puestos directivos no se muestran cercanos a los puestos operativos y no cuidan el valor humano de la compañía.

Pero tras tantos años de sacrificio por convertir mis tiendas en referente acabé sintiéndome estancada en el puesto. Por eso decidí probar en otra compañía y cambié la alimentación y la tienda de barrio por un empleo que ofrecía más oportunidades de expansión en una reconocida cadena americana de juguetes. Solo llevaba allí un año cuando me surgió la oportunidad de trabajar en las artes gráficas. Y mi rumbo profesional cambió por completo.

La distribuidora textil en la que entré a trabajar era al principio una empresa pequeñita pero en aras de convertirse en algo grande. Cuando yo entré estábamos dando salida a una nueva marca de ropa con un logo diseñado por la empresa y destinada al público adolescente. Y aunque al principio las ventas fueron muy buenas con el tiempo acabó estancándose y pasando de moda, algo bastante normal cuando diseñas para jóvenes.

Entonces mi jefe decidió focalizarse en el diseño de estampados de serigrafía en camisetas. Y yo tuve que aprender a serigrafiar con tintas al agua en una máquina manual que llaman pulpo serigráfico. Debo reconocer que del proceso de la serigrafía me gustaba especialmente su fase inicial: la emulsión de los bastidores, su posterior colocación en los brazos del pulpo ajustándolos con precisión con ayuda de los registros, la preparación de las tintas, la impresión sobre la prenda… La tarea perdía interés cuando después de la primera prenda se convertía en una labor absolutamente monótona. Durante las horas siguientes era todo el tiempo una repetición de los mismos pasos. Ahí se terminaba la improvisación, la imaginación, la obra artística. De repente me convertía en un robot realizando movimientos repetitivos.

Amy Leiton trabajando en artes gráficas

Aún así yo estaba satisfecha con mi trabajo. Pertenecía a una empresa pequeña de trato cercano, sentía que era valorada y disfrutaba de la parte artística de mi labor. Me entristeció que la empresa dejara de prosperar. Y al final, con la crisis acuciando al país, como tantas otras personas me quedé sin trabajo.

Entonces llegó el momento de buscar una nueva salida laboral.

Inquieta por seguir mejorando, ávida de conocimiento y arrepentida por no haber continuado mis estudios en la juventud, decidí formarme en aquellas disciplinas que pudieran acercarme a mi verdadera aspiración profesional: la escritura y el cine.

Cursé el módulo de Realización Audiovisual en la Escuela de Cine Metrópolis. También hice el curso completo de Guion Cinematográfico y de Televisión. He obtenido tres títulos de la familia profesional de Imagen y Sonido: «Asistencia a la producción cinematográfica y de obras audiovisuales», «Asistencia a la realización en televisión» y «Montaje y Postproducción de Audiovisuales», realizando mis prácticas en OnImage Producciones Audiovisuales.

Durante los años 2013, 2014 y 2015 conseguí tres Certificados de Profesionalidad diferentes: “Desarrollo de Productos Editoriales Multimedia” y “Producción Editorial” en el área profesional de Edición de la familia de Artes Gráficas, al igual que “Construcción y Publicación de Páginas Web” en la área profesional de Informática y Comunicaciones. Todos ellos con útiles prácticas en empresas tan prestigiosas como Buleboo Estudio y Ediciones Tébar Flores con las que he adquirido muy buenas y diferentes experiencias.

También hice dos cursos de fotografía en la Escuela de Fotografía Onbiquo.

En el año 2025 he realizado dos valiosos cursos en RTVE Instituto: «Inteligencia artificial (IA) aplicada a la ideación de contenidos» y «Dirección de actores y actrices».

De manera autodidacta he aprendido a editar vídeo con el programa Adobe Premiere con el que realizo tráilers promocionales y videobooks para pequeñas empresas. La escuela de teatro en inglés Acting Impact suele confiar en mí para grabar sus espectaculares shows y hacer sus vídeos promocionales.

En la escritura he colaborado durante un año en la redacción de reseñas discográficas para un medio online llamado UmoMag.

Amy Leiton rodando

He escrito varios cortometrajes, uno de los cuales, “Una cena fría” fue proyectado en la IV Muestra de cortos del Círculo Catalán de Madrid en Junio de 2013. También ganó el premio Gustavito a la Dirección Artística por la Escuela de Cine Metrópolis.

Otro de mis guiones de cortometraje, “Rumanofobia» fue seleccionado por un comité de expertos entre 153 trabajos presentados al 9º encuentro entre profesionales del cine y guionistas. La Comunidad de Madrid promovió este evento que se desarrolló dentro del marco de la 16ª Semana del Cortometraje de la Comunidad de Madrid 2014.

En la actualidad me encargo del departamento técnico audiovisual de la compañía de teatro Creatures of the Night, la cual representa con éxito la adaptación teatral RHUS, The Unconventional Show. También llevo su imagen corporativa y marketing, que supone la realización de todos sus carteles promocionales, su página web, fotografía y vídeos.

En el año 2017, Ricky Zab, el director de «RHUS, The Unconvencional Show» y yo nos atrevimos a montar nuestra propia productora, FreeXone Producciones, con la que ya hemos realizado cortometrajes y una película documental que recibió el premio a Mejor Documental en el TFM Film Festival. Nuestra productora pretende crear producciones audiovisuales así como montajes teatrales de mi autoría con marcado carácter social y el deseo de transgredir conceptos.

Es el momento de seguir avanzando.