Estamos siendo engañados y no nos damos ni cuenta. Hay que pararse a analizar nuestra inexplicable adicción a la mensajería instantánea. Parece ser que la palabra escrita es ahora el medio de comunicación más usado del mundo. ¿Cómo es posible que se diga que ésta es la generación más escritora de la historia? ¿Qué extraño embrujo es el que consigue que en la era de la imagen y del vídeo la gente prefiera comunicarse escribiendo palabras?
Todavía recuerdo lo difícil que me resultaba conseguir mantener la comunicación con un amigo que se iba a vivir lejos.
–Escribe–
le pedía. Pero eso de escribir era mucho esfuerzo, cualquiera prefería acabar perdiendo una amiga antes que pararse a escribir unas líneas. Igual de difícil era que los amigos te enviaran una postal desde su lugar de vacaciones. Volvían de las vacaciones y resulta que no les había dado tiempo a escribir un par de frases en una tarjetita. También estaban los christmas. Había algunas personas a las que les gustaba enviarlos, pero casi siempre eran las menos y casi nadie les correspondía. Escribir era algo que a todo el mundo le producía pereza.
El mundo de la comunicación no ha dejado de cambiar desde que allá por el siglo XIX comenzaran a enviarse los primeros telegramas, los cuales no eran más que mensajes enviados con el menor número de palabras posible y con los que se podía dar todo tipo de información. Y aunque fuera un invento tan útil se quedaba corto ante lo que llegó después: la invención del teléfono, aquel milagroso aparato con el que cada persona podía hablar y escuchar la voz de alguien por lejos que estuviese. Me imagino la felicidad de la gente ante tal invento. Igual de felices que mucho tiempo después nos sentimos los que asistimos al nacimiento y auge de la telefonía móvil. Y claro, después de eso ya no quedaba mucho más que inventar. Lo siguiente ya debía ser, y fue, la vídeo-llamada. Con ella ya no solo hablas, también VES a tu interlocutor. Ya no puede haber nada mejor.
Pero como la tecnología debe seguir avanzando para que el consumismo continúe dominando nuestro comportamiento había que crear algo aún más revolucionario. Superar las vídeo-llamadas es difícil, aparte de que parece ser que no crean adicción. Entonces se desarrolló este nuevo sistema de mensajería que bajo la engañosa sensación de gratuidad consigue niveles de adicción verdaderamente asombrosos. Es como poner telegramas pero con nuestro teléfono móvil. Es como volver al siglo XIX pero sin tener que dictar nuestras palabras a un telégrafo. En definitiva, es escribir. Y esta vez no nos da pereza.
Y curiosamente a mí que me gustaba escribir cartas, postales y christmas, resulta que me da una flojera enorme escribir mensajes en el móvil.
Es bastante fácil acabar teniendo algún que otro problema con alguien por culpa de las malas interpretaciones a las que nos puede llevar a veces un mensaje escrito en pocas palabras. El cortometraje “Yo tb tq” de Dani Montes lo refleja muy bien, y sus más de 7 millones de visualizaciones nos dice que más de uno se ha sentido identificado con su mensaje.
Entrada original publicada en VideoProduccionesAL el 4 de mayo de 2015.
